Entre las mentiras más grandes que aprendés mirando televisión durante tu infancia, una de las más delirantes es la del primer beso. Se supone que tiene que ser algo tierno, con alguien con quien "te pasa algo", y si todo se da en su medida justa ese primer beso es algo así como la llave del cofre de la felicidad.
Pura mierda.
Nene, aprendé algo: el primer beso es mentira y Papá Noel son tus viejos. Sí, tus viejos son los Reyes Magos y Papá Noel. Cuando seas grande vas a hablarle a tu psicólogo largo y tendido sobre eso.
Mi primer beso lo di a los 18, casi 19.
Sabiendo que mi familia y que una profesora leen mi blog la confesión se parece mucho a la vergüenza, pero he hecho las pases con esa parte de mí que disfruta la humillación.
Vivía en Saladillo, tenía la suerte de tener un "trabajo" en el que tenía internet todo el día, así que podía usar el AudioGalaxy (q.e.p.d.) y chatear sin parar (y a cambio trabajaba de 9 a 21 de lunes a sábado y me pagaban 150 patacones; de qué te quejás, Moyano). Era la época en la que no existían los blogs, Twitter y Facebook eran ciencia ficción... qué mierda, ni siquiera existía YouTube. Las noticias de música te las enterabas por Yahoo, y la única forma de conocer gente era entrando a las salas de chat de páginas como Uol, ElSitio y Ciudad (q.e.p.d. las tres); había un programa especial para entrar a esas salas, se llamaba Mirc y tenía cosas tan fabulosas como poder escribir en colores o poder anunciar en chat la canción que uno estaba escuchando. Si hay algún gay de más de 20 años leyendo esto, seguro que si digo #GayArgentina o #GayJovenes sabe de qué hablo.
Así conocí a un pelotudo a quien voy a llamar Forro, sólo porque ese apodo tiene menos letras que su nombre. Forro es un estereotipo caminando: es feo como el varicocele pero tiene la labia y la semi-psicopatía suficiente como para atrapar a sus presas: pendejos boludos. O sea, yo en esa época.
Contexto: yo en Saladillo, odiaba a todo ese pueblo de salvajes, me aburría como una ostra, el trabajo apestaba y encima me sentía el único gay en cincuenta kilómetros a la redonda. Apareció Forro y me dijo todo lo que necesitaba escuchar: que no estaba solo, que Buenos Aires es ideal para los gays, que en Buenos Aires nadie te juzga, que por qué no te venís a pasar el fin de semana a Buenos Aires.
Y me tomé el micro y me fui.
Me estoy salteando un montón de detalles, unos porque son incómodos de contar (como por ejemplo que me pedía que lo llamara a las 8 para despertarlo para que se fuera a trabajar, y yo entraba una hora antes a la oficina sólo para hacerle sonar el teléfono) y otros porque la verdad es que no quiero cebarme y empezar a las puteadas (como por ejemplo la primera noche, que me dejó en Sitges y él se fue al cumpleaños de la ex. Sí, "la" ex. La.) Voy a limitarme a contar mi primer beso, entonces.
Dieciocho años, virgenísimo y jamás besado, nerd, con el autoestima baja y poca plata en el bolsillo, me tomo el micro hasta Retiro. Recuerdo que al llegar a Liniers empecé a pensar (recién ahí) que probablemente Forro no aparecería, que no iría, que se olvidaría o no querría ir o que me había estado boludeando y qué hago yo entonces solo ahí. Y ahí caí en cuenta que tampoco sabía cómo iba a reconocerlo. Lo había visto en fotos: la frente le llegaba hasta la coronilla, tenía barba candado, no era muy alto, era panzón pero sin ser gordo, tenía algo raro en los labios, a medio camino entre una sonrisa y el gesto de estar chupando un limón.
[no hace mucho me acordé de su apellido y lo busqué en Facebook. ¿Conocen el tango "Esta noche me emborracho"? Bueno, parecido]
Tenía un auto blanco.
Cuando los micros llegan a la estación de Retiro, están como quince minutos pajereando en esa rampa previa a los andenes para anunciarse. Mientras estaba ahí, ya con el corazón al borde del colapso por los nervios, me acordé que no me había cepillado los dientes hacía... tres horas, así que me lavé los dientes en el baño del micro (hermosa, poética imagen) como para salir con rico aliento.
Yo no sabía que los gays llegan por lo menos cinco minutos tarde siempre a todos lados, así que a los diez minutos ya empecé con la idea de que me habían plantado. A los quince lo vi llegar. Creo que tenía una chomba blanca con rayas horizontales y un jean, pero probablemente me lo esté inventando. Sí estoy seguro de haberlo visto y haber pensado que era más petiso de lo que pensaba, y más gordo de lo que pensaba, y más feo de lo que pensaba.
Nos abrazamos y fuimos hasta el estacionamiento, donde había dejado el auto. Había llegado tarde porque estaba en lo de un amigo y salió justo de tiempo y había tránsito.
Revoleé la mochila en el asiento de atrás del auto, que era un tres puertas.
Y ahí nos besamos.
Como en todas las primeras veces de la vida, el pensamiento fue "¿Tanto quilombo por ESTO?".
Después es como que uno le agarra la vuelta, le encuentra el gusto, pero la primer imagen que se te viene a la mente es la película esa de Macauly Culkin que le da un beso a la pendejita rubia.
Y EL PRIMER BESO NO SE PARECE EN NADA A ESO.
Mientras nos besábamos, el auto estaba todavía estacionado y Forro no había prendido el motor. Un trapito nos estaba mirando lo más tranquilo desde la puerta, esperando que dejáramos de besarnos y le diéramos plata. Cuando nos dimos cuenta que teníamos público, Forro se río y le dijo "¿Vas a quedarte mirando o querés sumarte?". Menos mal que era un chiste.
2 comentarios:
Horribles todos los primeros besos, el mio fue en medio de una cancha de basket con medio equipo mirandonos...
PD: altos recuerdos del Audiogalaxy y del mirc... gracias!!
el mio fué inesperado. yo no lo dí, me lo dieron... a ver yo tenia 10 años y la otra persona (hombre) tenía 32. hay un nombre para eso.. así que me pase la vida relatando mi segundo beso.. pero eso es algo que nunca profundizo. es que acto seguido se arma un debate sobre si eso influyo mi gaytud o no.. una mierda... y no, no hago terapia.. son los psicologos son todos chantas..
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