Y tampoco entiendo mucho; tardé tres capítulos es distinguir las caras, todavía no me sé los nombres, no sé cuándo hacen referencias a vivos y a muertos, y me quedan tres capítulos para terminar la temporada.
Y encima sigo en pie leyendo el Ulises, llevo en dos semanas leída una sexta parte de un libro que me está enloqueciendo más de lo que estoy y me parece que en realidad no es tan difícil escribir como Joyce porque cualquiera puede hacer una cosa así, escribir como mientras piensa, pero claro yo no vivo en Dublin si es que eso es Dublin esto es Ciudadela pero podría ser Haedo o Saladillo o el infierno infierno húmedo odio el calor, esto es la primavera, odio el calor, odio la primavera pero más odio el verano pero más odio la primavera.
Ven, no es tan difícil escribir como Joyce. El problema es leerlo. Y en eso estoy, en eso sigo, no me va a ganar ese.
Entonces está este chico, que es más grande que el tamaño normal que viene de fábrica y tiene escrito YO en su frente, el YO es en mayúsculas y con carbón dorado, y camina con YO en la frente para que todos vean que dice YO cuando camina. Él no ve que dice YO, no tiene que verlo, tiene que sentirlo, y lo siente cuando sabe que todos lo leen, y cuando lo leen sabe que está ahí, y así es él. Uno es por el otro.
Y YO, que no se llama así pero así le conocen todos, así se conoce él, YO está buscando un par de ojos. De un chico quiere los ojos para verlos y verse a sí y ver en esos ojos el YO dorado de su frente. Ser el rey dorado con su corona dorada. No todo lo que brilla es oro, pero todo lo que es oro brilla.
Llevo tantos años con los mismos ojos oscuros. Tendría que haber sabido que no iba a poder verlo. Jabones mentales.
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